Poco dura la felicidad en casa del pobre, es uno de los refranes que con frecuencia escuchaba decir a mi abuela (ya fallecida) y que hoy nos viene como anillo al dedo para referirnos a uno de los recientes “cambios” concedidos y cancelados por orden del “presidente” Raúl Castro. Las regulaciones de Aduana que permitía la entrada al país de autos, carrocerías y motores de vehículos, privilegio del que pudieron gozar unos pocos ciudadanos cubanos en apenas 3 meses que duró la medida aprobada por la Máxima Dirección de la Revolución y que NO se anunciara en ninguna de las muchísimas vías de difusión masiva de “información” existente en nuestro país.
A esto se suman las restricciones impuestas a los cubanos que viajan a Ecuador y Panamá que los limita en el equipaje. Por esta vía muchas familias podían resolver los problemas de ropa y calzado. Esto huele a bloqueo criollo…










